Locuras Rock: el nuevo dueño del merchandising rock

Locuras se transformó en la tienda de rock por excelencia.
La Renga en particular, y el rock en general, se han transformado en una máquina que crece, se reproduce y se alimenta. Y en ese círculo de vida que se va regenerando con el paso de los años, también genera un movimiento por fuera de ellos. La industria de la música moviliza otros mecanismos por fuera que muchas veces son dejados de lado u olvidados. Con la sola difusión de un disco, gana la banda y todas aquellas personas que se mueven y trabajan tras ellos, como ser técnicos, productores, artistas, colaboradores, y algunas personas más.

Y ni que hablar cuando las bandas comienzan a girar por el país (o por el mundo en otros casos), cuando los beneficiados por esto se multiplican. La masa de seguidores generan movimientos de transporte, hospedaje, gastos de comida y bebida en el lugar donde se lleva a cabo el recital, y muchos detalles que quedan en el aire y que gracias a las bandas más convocantes (ni hablemos de una banda de renombre internacional) pueden generar un negocio.

Remeras, colgantes, buzos: todo tipo de mercadería de rock.
Pero cuando se trata de ganancias, las cosas suelen ser más delicadas, ya que muchos también se aprovechan de estas situaciones y generan algún rédito a costas de otros. Un caso muy particular de esto es la tienda de rock Locuras. Con el paso de los años y con sucursales desperdigadas por todo el país, se ha convertido en la casa de artículos de rock por excelencia. Se venden entradas y discos, y se organizan viajes con combos de tickets, pasajes y hasta asado. Pero también existe otra cara de la misma moneda que es la utilización de imágenes y logos de bandas sin derechos de comercialización. Para saber más sobre esto, BAILANDO EN UNA PATA se acercó a uno de los locales para hablar con sus empleados.

María tiene 25 años, hace un par que trabaja en Locuras, y antes de eso era cajera de un supermercado. Por pedido de ella, no se nombra la sucursal, y el nombre mencionado no es el verdadero.

- ¿Cómo es trabajar en Locuras?
- La verdad que está bueno, por lo menos para mí. Yo hace dos años que trabajo acá y es un laburo tranquilo. Y por lo menos en este local somos todos del palo (del rock) y eso está bueno porque tenemos todos la misma onda. No se como será en otros locales, pero creo que en la mayoría debe ser así: si no te gusta el rock, te debés embolar un poco.



- ¿Estás siempre en el mismo sector o van rotando con la parte de venta de entradas?
- No, estoy siempre en el mostrador y en la venta al público en general. Para las entradas están otras personas que trabajan con otra caja inclusive. Por ahí hay días que estás media cansada, o te toca alguna minita pesada que se prueba diez remeras y no se lleva ninguna, como si esto fuera un Shopping, pero por lo general el ritmo de trabajo es tranquilo.

- ¿Crees que la venta de entradas en el mismo local genera más movimiento en la parte de ustedes?
- Seguro. Porque muchos que se vienen a comprar la entrada para el recital que les gusta se quedan como excitados y se quieren comprar algo. Y por ahí aunque sea una remera, un buzo o algo se llevan.



- ¿Cuál es la banda nacional que más vende?
- Los Redondos y La Renga. Antes también se vendía mucho de Los Piojos, pero ahora no tanto. Después algo de Las Pelotas, Divididos, y alguna bandita más del momento. Pero Los Redondos o el Indio y La Renga son los que más venden lejos.

- Hablando particularmente de La Renga ¿Cambió la venta con este formato de disco y entrada?
- Para nosotros no hubo ningún cambio, porque no somos una casa que venda discos. Tenemos algunos, pero no es nuestro punto más fuerte. Calculo que para los locales como Musimundo o de venta de discos si le haya cambiado en algo, además de que cada vez se venden menos discos. Pero me imagino que al que si le cambió es a la gente, porque así pagan 100 pesos por las dos cosas, y capaz que por separado te sale lo mismo la entrada al recital y encima tenés que comprarte el disco que sale 30 o 40 mangos. Así también la banda se asegura de vender una cantidad importante de discos y no hace que la gente por plata o por fiaca los termine bajando de internet.


Mar del Plata - 16/12/2006


Truenotierra se hizo desear. Después de una larga seguidilla de discos y presentaciones, La Renga paró el motor de la máquina para descansar y pensar en su nuevo disco. Tres años sin novedades era demasiado tiempo para los fanáticos ansiosos de recibir nuevas canciones de su banda, en lo que hasta ese momento era el mayor lapso de tiempo del grupo sin novedades discográficas.

El escenario quedó pelado tras la tormenta.
El 12 de diciembre de 2006, Truenotierra salió a la calle, con un elemento muy particular. Un formato doble que contenía un disco con las nuevas canciones, y otro disco completamente instrumental, una faceta desconocida del trío de Mataderos. Además de la ansiedad por escuchar el nuevo álbum, había otro elemento que apresuraba a los seguidores: cuatro días después, el 16 de diciembre, la banda presentaría su disco en el estadio mundialista de Mar del Plata.

La temporada de verano ya estaba en marcha. Si bien el grueso del turismo aún no había llegado a la ciudad, ya podía verse el movimiento en las playas y en las calles. Las obras de revista ya copaban la parada, como cada verano. Pero ese día, Mar del Plata se llenó de rengos. La postal era llamativa para todos. Para las familias acostumbradas a vacacionar todos los años allí, no era común ver tanta cantidad de gente que llegara de manera repentina por uno o dos días y que coparan todo. Para los seguidores, tampoco era una situación común: es raro encontrar alguna fecha donde La Renga haya tocado en una ciudad turística y en plena temporada.

Ese sábado 16, Mar del Plata amaneció nublada y el pronóstico del tiempo no era muy favorable para la noche. La gente empezó a copar el estadio Minella y las primeras gotas empezaron a caer. Nadie imaginaba algo más que una llovizna, pero horas antes del recital, una fuerte tormenta se desató. Rayos, truenos, viento. La mayor parte de la ciudad se quedó sin luz. Las calles inundadas y los fuertes vientos obligaron a la gente a refugiarse en sus casas. Pero había 40 mil personas que no tenían refugio.

Ansiosos, los fanáticos esperaban dentro del estadio la salida de la banda cuando el diluvio llegó. La lluvia empezó a golpear fuerte y los truenos amenazaban con seguir toda la noche. Los técnicos empezaron a sacar telas del decorado, pantallas y parlantes ante el peligro de una descarga eléctrica. La gente, desesperada, empezó a levantar el paño que cubre el piso de la cancha para usarlo como refugio. El césped se transformó en un lodazal gigante, con miles de personas amuchadas por el frío y el agua.

La noche pintaba mal, pero en un rato la lluvia empezó a mermar, y la gente, empapada y embarrada, empezó a alentar para que La Renga salga a tocar. Con dos horas de atraso por los problemas técnicos, y con un escenario frío y desolado para lo que nos tiene acostumbrado, Chizzo, Teté y Tanque salieron al escenario.

Después de un par de temas de los discos anteriores, Chizzo se paró ante el micrófono y dijo: “¡el único público de rock que se la banca es este!”. Entre gritos y aplausos, comenzó a sonar Cuadrado obviado, último track del disco, y con ello la presentación oficial de Truenotierra. Como un capricho de la naturaleza, que mejor forma de inaugurar el disco que con un espectáculo de truenos y relámpagos sobre el escenario.


Chizzo hablándole a la gente tras la tormenta.

En una noche complicada (durante el show, el campo se transformó literalmente en un chiquero), la banda pudo dar a su público al menos lo que fue a buscar: una buena dosis de rock. Tocaron todas las canciones del disco nuevo, más los clásicos de siempre, para cerrar un recital de dos horas y media al palo. Casi como una paradoja, en la salida podía verse gente tiritando del frío, embarrada hasta las rodillas, toda mojada, y con una sonrisa de oreja a oreja. Esas cosas, solo las puede generar La Renga.


Les dejo el final del recital de Mardel, como siempre, Hablando de la libertad...



Perfil Renguero: Chizzo



Gustavo"Chizzo" Napoli.
Casi sin proponérselo, se convirtió en uno de los mejores guitarristas del país. Con un estilo muy particular y característico, Gustavo “Chizzo” Napoli transformó una banda de garage en el grupo de rock nacional más convocante de los últimos años.

Todo empezó a los 14 años, y solo por curiosidad: “Había unos pibes en el colegio que tocaban y eso me llamó la atención. Un día me compraron una criolla, un compañero me pasó las notas y así empecé”. De ahí en más, la viola pasó a ser una amiga inseparable, testigo de largas tardes y eternas noches. Mientras tanto, la vida política y social de la Argentina sufría grandes cambios. La dictadura militar perdía fuerza y la democracia volvía a gobernar el país. Y la música, uno de los principales focos de censura y extorsión, volvía a cobrar el brillo de la libertad. Volvía a abrirse las fronteras artísticas y las bandas que marcaban el sonido del mundo golpeaban en las cabezas jóvenes como mazazos. Una de esas bandas, Creedence Clearwater Revival, atrapó a un adolescente Chizzo, y sin saberlo, se empezaba a forjar el destino de una gran banda.

Llegaba el año 1988 y el festejo de año nuevo juntaba a unos pibes de Mataderos ansiosos por despuntar el vicio e intentar “armar algo”. A los pocos meses, La Renga estaba formalmente organizada junto a Raúl “Locura” Dilelio en la guitarra, los hermanos Gabriel “Tete” Iglesias en el bajo y Jorge “Tanque” Iglesias en la batería, y Gustavo Napoli en voz y guitarra. Con la ida de “Locura”, el responsable de los solos y los arreglos más complicados, la banda comenzó a buscar un reemplazante. Pero ante la disconformidad de los postulantes, Chizzo tomó la posta y a puro sacrificio se convirtió no solo en el único guitarrista de la banda, sino en uno de los músicos más importantes e influyentes del país, al menos, en la última década.



Los dejamos con unas imágenes de Chizzo y un buen tema de La Renga para disfrutar...




Gustavo "Chizzo" Napoli on PhotoPeach

Cortala y olvidala


Con el paso de los años, la banda ha sufrido algunas modificaciones, aunque no de gran peso. Descontando el cambio de algunos vientos, o de participaciones momentáneas y puntuales, los tres pilares fundamentales han estado a lo largo de toda su historia: Chizzo, Tanque y Teté.

Y también con el paso del tiempo, cada uno de los integrantes ha sabido destacarse por su impronta y un estilo particular. Tanque siempre ha sido el más introvertido, quizás respondiendo a esa “máxima musical” de que el baterista, relegado en su función espacial en el escenario, también se traduce en su personalidad. Teté, por su parte, es todo lo contrario.

Casi como antagonismo de su hermano Jorge, Gabriel se ha destacado por su energía y su desgaste sobre las tablas, algo que no suele ser común para un bajista, generalmente más tranquilos. Su apariencia también se ha convertido en un ícono: su larga barba con trenzas y adornos, y su particular “jardinero” de jean, vestimenta que lo acompaña desde los inicios de la banda.

Chizzo, a diferencia de Teté, no ha adquirido ningún tipo especial de vestimenta o look representativo, sino todo lo contrario. El cantante del trío de Mataderos ha variado sus cortes de pelo a lo largo de su carrera, pasando por tantos estilos como su cabello lo permite. A fines de la década del 80, la banda daba sus primeros pasos, y un joven Gustavo Napoli se mostraba a la moda de la época.


Chizzo a fines de los 80.


Los 90 llegaron y el ascenso de La Renga comenzó. El pelo creció, junto con la barba, y un estilo más grunge se apoderó del frontman renguero. Camisas a cuadros, jeans oscuros y el pelo largo y descuidado.


Los 90 y la llegada de un look más grunge.

Si bien la vestimenta de Chizzo no sufrió muchas más modificaciones, algunos otros elementos aparecieron. Después de dejarse el pelo largo durante muchos años, ya sin barba para las presentaciones, comenzó a usar algunas vinchas y pañuelos en su cabeza.


El pelo bien largo, corte que duró muchos años.


El 30 de noviembre de 2002, La Renga pisó por primera vez el escenario de River Plate. Y como parte de una apuesta, Chizzo fue rapado, en mitad de show, por dos enfermeras muy provocativas que entraron de improvisto.

Las enfermeras hot agarran al Chizzo en River para raparlo.


Luego de varios años de seguir usando el pelo corto, Chizzo volvió a dejar crecer su pelo, que mantuvo durante poco tiempo, incursionando en una época con una especie de mezcla entre pelada y pelo largo en la parte de atrás de la cabeza. En los últimos años, el cantante y guitarrista no ha vuelto a modificar su corte, y en las últimas presentaciones ha mostrado una bandana negra con el logo del reciente disco, Algún Rayo. Pero por las dudas no demos un punto final, y sigamos esperando alguna nueva locura.


En los últimos años, con el pelo corto.

Rosariazo renguero


La ciudad más rockera del país le abrió los brazos a la banda más convocante de la Argentina. Rosario se vistió de fiesta para recibir a La Renga y a las más de 25 mil personas que acompañaron el ritual cada una de las dos noches. La gira de Algún Rayo (2010) daba comienzo y nadie quería perderse la oportunidad de estar presente.

Desde los días previos al recital, la zona sur de la ciudad, en las inmediaciones del predio Camping Municipal Parque Alem, se empezó a poblar de carpas, autos y banderas que colgaban de los árboles con inscripciones de todas partes del país. Pero el sábado mismo del show, el parque apareció colmado, con largas filas de colectivos y transportes que llegaban desde todos lados.



Teté con su bajo, y tras la batería, su hermano Tanque.


Un cielo cubierto de nubes hacían ver una lluvia inminente, pero el calor, la humedad, el humo de los asados y la música renguera  no cesaban. Una suave llovizna comenzó a amenazar cerca del mediodía, y unas horas más tarde se concretó el chaparrón. Cualquier lugar era válido para resguardarse: adentro de los autos y colectivos, debajo de una bandera o solo una capucha y un nylon. Hasta que algún visionario advirtió la cercanía de un centro comercial, y gran parte de la gente que se encontraba por allí empezó a marchar hacia el estacionamiento. Cientos de personas con banderas, bombos y redoblantes coparon el subsuelo del shopping para protegerse del agua y continuar con la ceremonia previa. Cantos, papeles al viento y banderas que colgaban desde los pisos superiores del estacionamiento redecoraron el estilo navideño que tenía el lugar.

La lluvia paró y la hora señalada en la entrada se acercaba, por lo que la gente empezó a desmontar el improvisado campamento renguero para dirigirse nuevamente a las inmediaciones del predio. El agua, el paso de las miles de personas y la tierra habían convertido el acceso al lugar en una pista de barro imposible de transitar sin enterrar los pies unos diez centímetros. Después del complicado y tumultuoso ingreso al camping, el panorama que se presentaba no era muy común para un recital de La Renga: un escenario simple, con telas de fondo y dos pantallas pequeñas a los costados (después se supo que por lo problemas climáticos, se debieron desmontar pantallas y la escenografía de los costados), el río Paraná a un costado, y la fina arena como piso.



Chizzo hace delirar a la muchedumbre en Rosario.



Pero en el momento que Chizzo, Teté y Tanque salieron al escenario, todo volvió a la normalidad. No importaba el clima, la arena o el barro. Las 25 mil personas que ocuparon el predio se encendieron al primer acorde, que respetando el orden del disco a presentar, arrancó con Canibalismo galáctico. Los temas de siempre fueron intercalados por las nuevas canciones de Algún rayo, para un show de poco más de dos horas a todo ritmo y mucho rock and roll.

La salida, igualmente de complicada que la entrada, ya no alteró el humor de la gente extasiada de rock y con la calma de haber visto otra gran noche del trío de Mataderos.